Los rumores no tardaron en extenderse por toda la escuela.
Al principio, Adrián decidió ignorarlos. Nunca le había interesado lo que la gente decía de él. Sin embargo, todo cambió cuando aquellos comentarios cruzaron el océano y llegaron a los oídos de la única persona cuya opinión realmente le importaba.
Su hermana menor lo llamó apenas pudo.
—¿Adrián...? ¿Ya tengo cuñada?
Él soltó una carcajada.
—No, señorita Oficial. Eso déjaselo a esos locos de Nicolás y Alejandro, que ya hasta te hicieron