Iker estaba acostumbrado a que todo saliera como él quería. Desde que ingresó, demostró que no había llegado para obedecer órdenes. Siempre era un enfrentamiento constante con él, pero sus jefes debían aceptar que era muy bueno en lo que hacía; nadie podía decir lo contrario.
Iker era el líder de un equipo de élite de investigación. Los mejores, les decían Los Fantasmas, ya que nadie se daba cuenta de cuándo salían y mucho menos de cuándo entraban a un lugar. Nunca tenían percances ni problemas.