Después de una amiga jornada en compañía de Michaell, Leonardo había decidido volver a casa, eran altas horas ya, y decidió pasar rápidamente por la habitación de sus hijos, tras cerciorarse de que dormían plácidamente, pasó de largo a su habitación, todo estaba oscuro y nada más entrar dió un largo suspiro. Cuándo llegaba la hora de dormir era cuando más lo embargaba la tristeza.
—Pensé que no volverías nunca—Leonardo frunció el ceño, encendiendo la luz, se encontró a Giorgia sentada en el bor