Segundos antes de que las majestuosas puertas de roble se abrieran de par en par hacia el jardín, el silencio del pasillo interior envolvió a Mónica y a Alaric. El murmullo de la orquesta y el rumor de los invitados esperando afuera se escuchaban amortiguados, creando una burbuja de absoluta intimidad para los dos hermanos.
Mónica, sosteniendo su ramo de peonías y orquídeas blancas, tenía la respiración ligeramente agitada por los nervios. Ajustó el dobladillo de su velo de tul catedral y miró