El aire en el consultorio privado de Daysi seguía denso tras la tormenta de pasión. Daysi, Mike y Lars estaban aún en la camilla, descalzos, entre sábanas revueltas, dándose besos lentos y suaves en medio de la calma que sigue al placer.
Sin previo aviso, la puerta se abrió de par en par.
Alaric entró a paso firme con una carpeta en la mano para pedir un reporte médico. Sin embargo, se congeló en seco en el umbral. Sus ojos de depredador recorrieron la escena: sus dos mejores hombres de confian