El reloj marcaba exactamente las seis y cuarenta y cinco de la mañana cuando la lujosa van negra con el logotipo del atelier de Thiago se detuvo frente al imponente portón de hierro de la residencia presidencial. Los primeros rayos del sol se filtraban a través de la neblina matutina de Miami, pero en el perímetro del palacio no había espacio para la paz: la seguridad de la Bratva vigilaba con armas largas en mano, listos para la boda que se celebraría en unas pocas horas.
Dos corpulentos guard