El silencio de la mansión Turner era abrumador para Anastasia. Sentada en el borde de la gran cama matrimonial, contemplaba las sábanas vacías mientras el sol de la tarde comenzaba a ocultarse. Estaba triste, con un vacío en el pecho que la hacía suspirar a cada momento; extrañaba con locura a Alaric. Llevaban horas sin verse debido a las operaciones en los muelles y los hangares, y la distancia la carcomía.
Sin embargo, no era solo una tristeza melancólica lo que la embargaba. Mientras recorda