Fuera de la cueva las horas pasaban muy despacio, tanto que incluso Zeke y Kun notaron el extraño fenómeno. Al ver las caras confundidas e irritadas, Charlas soltó una risita y llamó a cada uno por su nombre, lanzándole a su vez una lata de café que ambos atajaron en el aire.
―Estamos en un lugar que, técnicamente no existe en el mundo humano ―les dijo, sentándose sobre una roca, justo al lado de la lámpara LED que iluminaba el lugar justo al lado del lago―. Es como la isla de Circe o el palaci