—¿Por qué, Eve? Después de todo lo que te hizo, hoy estás así, vestida de novia, dispuesta a pasar tu vida con él.
—¿Por qué le pones seguro a la puerta? Alana, por favor, no sé qué te está pasando, pero no quiero discutir con nadie y mucho menos contigo. ¿Sabes que te quiero? Hoy me caso, por favor. Comparte mi felicidad.
Una risa se escuchó de parte de Alana, mientras se secaba las lágrimas.
—¿Me quieres dices? Yo no quiero que me quieras, ¡yo quiero que me ames! ¿Qué te faltó conmigo? Yo te