—Gracias por acompañarme; extrañamente, no tengo amigas con quienes compartir este tipo de cosas.
—No te preocupes, mi terroncito te aprecia mucho, eres como la hermana que no tuvo; por lo tanto, eres algo así como mi cuñis. —Era la prometida de Franklin, quien amablemente se había ofrecido cuando su novio se lo comentó; decía que eran cosas de chicas.
—Eres muy linda, ya sé por qué la tortuga te ama tanto.
—Ay, gracias, favor que me haces. —Tocándose la cara; después de todo, se había puesto