—Gracias por acompañarme; extrañamente, no tengo amigas con quienes compartir este tipo de cosas.
—No te preocupes, mi terroncito te aprecia mucho, eres como la hermana que no tuvo; por lo tanto, eres algo así como mi cuñis. —Era la prometida de Franklin, quien amablemente se había ofrecido cuando su novio se lo comentó; decía que eran cosas de chicas.
—Eres muy linda, ya sé por qué la tortuga te ama tanto.
—Ay, gracias, favor que me haces. —Tocándose la cara; después de todo, se había puesto roja ante el halago.
En ese momento, apareció una muy alegre vendedora, con unas copas de champaña, al mismo tiempo que entraba Lorena, muy risueña, con unas gafas oscuras y con evidente apariencia de quien recién había salido de la fiesta.
—Perdón por el atraso, gracias, qué amable —tomando la copa de champaña—, mi primo me avisó a última hora. Sé que hace dos semanas decidieron casarse, pero ¿porque tanta prisa? ¿Estás embarazada, acaso?
En el momento que lo dijo, se arrepintió; la borrachera