No era una imagen, no era una escena, eran voces en su mente, un sueño profundo, la voz de su inconsciente, la voz de su memoria.
—Hola princesa, despierta.
—Príncipe, es tarde. ¿Por qué no me despertaste antes? No debo dormir tanto.
—es que te veías como un ángel dormido.
—Tú me ves con amor, solo es eso.
—Yo te veo con todo el amor del mundo, princesa hermosa, eres demasiado perfecta, te he extrañado demasiado. ¿Por qué tardaste tanto?
—Solo dormí, ¿por qué hablas como si me hubiera ido? ¿Por