—¡Dijo que sí! — La sonrisa de Franklyn, de alguna manera, alegraba su corazón, le daba una dicha inexplicable, eso que tan solo hacía unas horas lo había conocido; sencillamente la vida era como un laberinto; de alguna manera extraña encontrabas la salida.
—Felicidades a los dos; aunque recién los conozco, se nota en sus ojos lo enamorados que están. Les auguro una vida feliz.
Sebas observaba a una distancia prudente; esa sonrisa removía cada fibra de su ser, pero simplemente no debía.
—Parece