—La verdad es que se ha portado muy extraño.
—¿Cómo extraño? ¿Eso es bueno o malo? ¡Diablos, Lorena, habla! —casi exigió como si fuera una orden; odiaba que las personas guardaran silencio cuando preguntaba algo.
—¡Primero no me grites! Segundo, creo que es bueno, pero también es raro, o sea. Se fue detrás de Evangelina, la modelo principal del evento, Él cree que no me di cuenta, pero lo hizo. Cuando regresó a los minutos, lo vi como más relajado; su humor mejoró. Creo que la conocía de otro lado, tal vez de Italia, de cuando estuvo ahí.
—Voy a investigarla.
—No lo hagas, primo, deja que fluya, déjalo ser, sé que no quieres que sufra, pero él debe descubrir las cosas por sí mismo, déjalo crecer. —Expresó Lorena, como si fuera una mujer de ochenta años.
—Voy a pensarlo; recuerda que se trata de mi hermano menor.
—Cómo has cambiado, pelona.
—¿De dónde sacas esa ridiculez?
—De internet —encogiéndose de hombros, restándole importancia a la cara de quien no le caliente el so que traía