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—¡Kitty, no corras, espera! — Fue muy tarde cuando Sebastián reaccionó, un auto cruzo a alta velocidad sin detenerse, sintió que su corazón se paralizó, el horror de la idea de perderla se apoderaba de él, no sabía si moverla o no, pero no podía perder tiempo estaba casi a mitad de la nada, solo había parado a comer algo en un restaurante en medio de la nada, había aprendido a la mala, que no en todos los lugres le agradaban sus compañeras de aventuras.

—Enciende, carajo, no ahora, por favor.

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