—¡Kitty, no corras, espera! — Fue muy tarde cuando Sebastián reaccionó, un auto cruzo a alta velocidad sin detenerse, sintió que su corazón se paralizó, el horror de la idea de perderla se apoderaba de él, no sabía si moverla o no, pero no podía perder tiempo estaba casi a mitad de la nada, solo había parado a comer algo en un restaurante en medio de la nada, había aprendido a la mala, que no en todos los lugres le agradaban sus compañeras de aventuras.
—Enciende, carajo, no ahora, por favor.
Suplicada aún con ella en sus brazos y con Arnulfa en una mochila especial sobre su espalda, era como si todo estuviera en su contra, estaba por llorar de la rabia e impotencia hasta que un auto del tipo clásico se detuvo a un lado de la carretera, no veía con claridad por lo nubloso de su vista debido a las lágrimas que amenazaban con salir.
—¿Te puedo ayudar en algo? Creo que pasé una veterinaria kilómetros atrás. —Como si se tratara de una película donde hacen un enfoque a los protagonistas,