—¡No quiero, suéltame, por favor, suéltame! —Gritaba desesperada, sintiendo unos brazos que la rodean y acarician su cabello, tratando de calmarla.
—Amor, solo era una pesadilla. Respira, muy bien, así te traeré un vaso con agua. Tranquila, por favor.
Ella se quedó ahí, tratando de asimilar que solo era una pesadilla; otra vez, las de siempre, no podía evitarlo. Es que cuando había tormentas o lluvias muy fuertes como de aquella noche, estas aparecían como nube negra en su vida, quitándole la p