La batalla había comenzado, y me encontraba al frente de la lucha, liderando a nuestra manada con valentía y determinación. Mi fuerza y habilidad en el combate eran impresionantes, y podía sentir la confianza y el respeto que inspiraba en nuestros guerreros. Con un grito de guerra, me lancé hacia adelante, mi espada brillando en la luz del sol. Los enemigos de Morax se acercaban, armados hasta los dientes, pero no me intimidé. Con un movimiento rápido y preciso, golpeé a un enemigo con mi espad