Me despierto con un sobresalto en una celda oscura y húmeda. La realidad me golpea como un puñetazo en el estómago. Recuerdo el establo, los tres hombres que me rodearon, mi intento de escapar... y el dolor. Las lágrimas comienzan a fluir al recordar cómo intenté huir de mi destino, pero parece que he terminado en un lugar peor.
Miro a mi alrededor y veo una celda sucia y desolada. Hay otros presos en las celdas vecinas, y me doy cuenta de que me están mirando con una mirada llena de depravació