De repente, él me agarra del cuello y me lleva contra la pared. Su mirada es intensa y su voz es baja y amenazante.
— Tú a mí no me hablas como se te da la gana —me dice—. Tú me debes lealtad al Alfa.
Me esfuerzo por controlar mi miedo y le respondo:
— Mi único Alfa es Venco.
Él se ríe y me dice, hablando muy cerca de mi cara:
— El cual quieres matar.
Me siento incómoda y le respondo:
— Por razones personales.
Él me mira intensamente y me dice:
— Lo mío también es personal. Así que aguarda tu d