ANNA
—Sue —ella corre a abrazarme y saco aire de mi pecho al saber que aún no me odia y que no sabe lo que está sucediendo —, ¿Dónde has estado? ¿Por qué no volviste? ¿Sabes dónde está papá?, tampoco ha regresado, ¿viniste con él? —sus ojos están llenos de dudas.
Vuelvo a abrazarla y siento el calorcito de su pequeño cuerpo, contengo las lágrimas y estas forman un nudo en mi garganta.
—No pude volver y no podre volver, cariño —arreglo su lindo peinado.
—¿Por qué? —noto como su emoción se desinfla.
—Porque al principio, vine a tu casa por las razones incorrectas y eso hizo que ahora, mi relación con tu padre se rompa —me siento en el piso y ella busca un lugar en mis piernas y me abraza.
—Pero tú me curaste —dice con inocencia.
—No mi niña, no fui yo, yo ayudé con un tratamiento que Gareth y sus amigos desarrollaron, y que ayudo a salvarte la vida, pero pudo ser otra persona con nuestro mismo tipo de sangre —le explico, no voy a llevarme el crédito por ello, mis pensamientos acerca de