—Fuiste insensible, entonces —cambió de tema, apretando la mandíbula—. ¡Pero eso no cambia el hecho de que tu supuesta cita te ha plantado o está encantada de dejarte aquí plantada como una tonta!
—¿Y esa es tu sensibilidad hablando? —Al borde de las lágrimas, tuvo que interponer una mano entre ellos para taparse la boca temblorosa—.
Una maldición en voz baja escapó de sus labios. —Te invito a cenar —ofreció, con tal vehemencia que Vivian casi levantó la mano para abofetearlo—.
Pero no lo hizo,