—Me encantan los dulces —dijo Vivian.
—Entre otras cosas —murmuró Scott extrañado.
Estaba a punto de preguntarle qué quería decir con eso…
—¿Quieres café? —preguntó él antes que ella.
—¿Y estropear el sabor del vino? Gracias, no —respondió ella.
—Entonces, si ya terminaste, ¿te importa si nos vamos? —preguntó él.
—Oh… —Vivian se tensó, arqueando la espalda al darse cuenta de que lo había estado hablando sin parar durante toda la comida. No era de extrañar que tuviera esa expresión inexpresiva.