Había cambiado. Sus ojos oscuros ya no eran tan inquietos. La mirada penetrante y depredadora del tiburón había desaparecido.
Pero un estímulo a su memoria podría traerlos de vuelta, ¿no? Y el frío y ambicioso Scott McCall podría resurgir de la crisálida de su coma.
—¿Lista? —preguntó ella.
Él deslizó su mano por su cabello y luego rozó su nuca con la delicadeza de sus labios. —¿Quizás deberíamos volver a la cama un rato? —murmuró.
Vivian cerró los ojos, tentada. Si había algo que Scott había r