CAPÍTULO 4

—Serviré la cena a las siete —anunció Ana antes de dejar la habitación donde habían quedado las dos maletas que cargaba Mariel, y donde estaban ella y Lucrecia—, para cualquier cosa que necesite, estaré en la cocina.

—Gracias —dijo Mariel sintiendo como su sonrisa se hacía pesada.

Miró a todas partes mientras sus ojos se humedecían y un hueco se abría en su estómago.

El lug

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