AURORA
En menos de dos minutos estamos dentro de la camioneta blindada. Sebasten se sienta atrás conmigo, manteniéndome recostada en su regazo mientras Lenora sube al asiento del copiloto y Vanya arranca a máxima velocidad, haciendo chillar las llantas sobre la grava.
—¡Presiona ahí, Sebasten! —le ordena Lenora desde adelante, girándose para mirarnos con los ojos bien abiertos—. No dejes que se desmaye. Aurora, mírame. ¡Mírame a los ojos!
Hago un esfuerzo sobrehumano para abrir los ojos y fijar