88. UNA CONVERSACIÓN SINCERA ENTRE AMIGAS
ALAYA:
Al ver que Reynolds se demoraba en regresar me puse de pie y salí por la puerta que lo había visto atravesar. Daba a un jardín iluminado tenuemente por farolas antiguas, caminé despacio hacia donde se escuchaban voces que flotaban en el aire nocturno. Estaban detrás de unos arbustos de rosas silvestres que los escondían de las vistas indiscretas.
Al llegar, vi cómo Simón se transformaba delante de los ojos de Cristín en un enorme lobo de pelaje oscuro que brillaba bajo la luz de la luna.