101. APRENDIENDO A SER LUNA
ALAYA:
Sostuve la mirada de Reynolds sin pestañear. Apreté fuerte mis manos mientras miraba una vez a la loba Orselia con la cabeza apoyada en el piso a mis pies. Cristín aferrada a mi brazo se estremecía. Todos a la espera de mi respuesta. ¿Qué podía decir? Yo era una persona que evitaba por todos los medios las confrontaciones. Le daba la razón a los demás aunque no la tuvieran con tal de no discutir. Y ahora, era la Luna de una manada de lobos.
Mi loba Elara gruñó en mi pecho queriendo tomar