MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 16. Sucesos desafortunados
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 16. Sucesos desafortunados
Seija se detuvo en medio de la sala y lo miró con los brazos cruzados, apoyando todo el peso en una sola pierna. El silencio entre los dos era incómodo, cargado de cosas que ninguno quería decir en voz alta. La luz de la ciudad se colaba por las ventanas del departamento, dibujando sombras largas sobre el suelo; y el ambiente tenía esa calma engañosa que suele aparecer justo antes de que todo se complique.
—Camilo, tú tienes tu propio depart