CAPÍTULO 64. Un divorcio injusto
El silencio en la oficina se volvió denso. Todos miraban a Henry esperando que hablara, y hasta el zumbido de los fluorescentes parecía incomodar. Nadie se movía; solo el crujido ocasional de una silla recordaba que había cuatro personas allí conteniendo la respiración.
Henry se pasó una mano por la nuca, como si necesitara un segundo para ordenar sus ideas.
—Nunca me causó interés su renuncia —dijo con la voz grave—. No tenía idea de que faltaban esas piezas e