CAPÍTULO 36. Fuertes declaraciones
CAPÍTULO 36. Fuertes declaraciones
Henry no podía apartar los ojos de Rebecca. La luz de las lámparas de cristal caía sobre ella, iluminando cada curva del vestido sobre su cuerpo y cada destello en sus ojos. Por un instante, todo a su alrededor desapareció. El murmullo de la gente, la respiración agitada de Julie Ann, incluso la música lejana de la orquesta, se desvanecieron.
Lo único real en ese momento era ella: Rebecca, de pie con la barbilla erguida, enfrentando la humillación con una dig