La lluvia ceniza plateada cubría los restos del Pico Aethelgard, ahora esparcidos en el fondo de un abismo.
En medio del cráter que aún exhalaba humaredas calientes, Silas permanecía de pie con las piernas temblando.
Sangre negra rezumaba por su armadura Rogue, ya irreconocible, empapando la tierra que comenzaba a perder su color original.
Frente a él, Chloe se mantenía con una gracia mortal, rodeada por los seguidores del Culto del Eclipse que emergían como fantasmas de entre la bruma.
Pare