La oscuridad en el Bosque Prohibido no era solo la ausencia de luz; era una entidad que respiraba, tenía hambre y poseía miles de ojos invisibles.
Aria Crescent aterrizó fuerte sobre una extensión de musgo negro húmedo, jadeando como si sus pulmones acabaran de llenarse de cristales rotos.
En sus brazos, Lucian seguía inconsciente; su cuerpo se sentía cada vez más frío a pesar de que la temperatura del bosque era bochornosa y opresiva.
Aria se volvió hacia atrás, hacia la cima de la montaña q