La tormenta de nieve en las tierras del Norte no había cesado, pero su intensidad comenzó a perder terreno ante el calor que emanaba del cuerpo de Alaric.
El Emperador se encontraba de pie en medio del campo de hielo destrozado, jadeando, con los ojos entrecerrados mientras miraba los restos del ejército de sombras que acababa de aniquilar.Sin embargo, esa pequeña victoria se sentía insípida.
Su malestar era cada vez mayor; el lazo psíquico que lo unía a Aria se sentía como un hilo fino estir