El mundo sobre la Grieta Abisal se había transformado en un vasto lienzo blanco mortal.
Cuando Aria Crescent emergió de las profundidades de la fisura terrestre, no fue recibida por la tierra que conocía, sino por una tormenta de nieve mágica que azotaba con una velocidad capaz de desgarrar la carne.
El cielo del norte estaba ahora cubierto por densas nubes grises, que solo permitían que una mínima cantidad de luz llegara a la superficie.
Aria permanecía de pie en medio de la tormenta, soste