62. LA GRAN AMENAZA
CLARIS:
No respondí ante lo que aseguraba mi Alfa. En el fondo de mi corazón sabía que los cachorros no eran míos, pero me aterraba la idea de que pertenecieran a Sarah, aquella loba con aires de Luna. Ella había reinado al lado de mi Alfa durante cientos de años, y ahora comprendía el origen de tanto rechazo y hostilidad hacia mí. Mi llegada había significado el fin de todos los privilegios que ostentaba. La duda y los celos me carcomían: ¿realmente no existía ningún vínculo entre ella y Kiera