56. LA MARCA
La sonrisa depredadora de Kieran debió advertirme. En un movimiento veloz, invirtió nuestras posiciones, aprisionándome contra la pared con su cuerpo nuevamente. Sus ojos, ahora completamente rojos, me miraban con una mezcla de deseo y dominación que me hizo temblar.
—Jugaste con fuego, mi Luna —susurró contra mi cuello, su aliento caliente enviando escalofríos por mi columna—. Ahora vas a quemarte.
Sus labios tomaron los míos con fiereza, ahogando mi protesta. Intenté resistirme, pero mi