360. EL AMOR LO PUEDE TODO
KIERAN:
Miraba a mi Luna caminar de un lado a otro como una loba enjaulada. Caminé despacio, sin que apenas se percatara de que lo hacía, y la atrapé en mis brazos, impidiendo que continuara con esa desesperación. Me dolía verla así, desesperada, perdida, confundida. Cuando finalmente se relajó, se echó a llorar desconsoladamente.
—Todo es mi culpa —dijo entre sollozos—. Si no hubiera hecho aquella barrera, si no hubiera sido tan alocada, si no me hubiera negado a ser una loba…, mis bebés…