300. CONTINUACIÓN

KIERAN:

La que llamábamos Clara respiraba entrecortadamente mientras las lágrimas corrían por su rostro. Sus palabras salían atropelladamente, como si cada una fuera una grieta más en su ya destrozada alma.  

—¿Qué quieres decir? —pregunté—. ¿La niña que siempre cargas es tuya? ¿Es sobrenatural?  

—No importa, es mi niña. Él me engañó y no
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