11. ATRAPADA ENTRE LOBOS
CLARIS:
No sabía por qué diablos seguía respondiéndole a esta bestia salvaje que tenía delante, mirándome con sus ojos dorados y sus colmillos asomando por las comisuras de su boca. Mi mente racional me gritaba que me callara y bajara la cabeza ante él. ¿Qué podía hacer yo, una simple humana, frente a un hombre lobo que podría destrozarme con un simple movimiento de sus garras? ¡Por Dios, Claris, cállate! Sin embargo, esa otra parte de mí, la que estaba harta de que los hombres creyeran que podí