Mi padre convocó una reunión de emergencia esa misma noche, apenas le mostré el mensaje de Fernanda. Para cuando bajé al despacho, ya estaban ahí Ignacio, Bautista, y un hombre que no esperaba encontrar sentado en el sillón junto a la ventana, con un café servido que nadie le había pedido que se sirviera solo, como quien conoce esa casa lo suficiente como para no necesitar invitación.
—Nicolás. —No pude disimular la sorpresa en la voz—. No sabía que estabas en la ciudad.
—Tu hermano me llamó ap