La mañana amaneció despejada sobre Puerto Andraka, pero el humor de León Armand era una tormenta eléctrica. Caminaba por el pasillo de la planta 50 con su séquito habitual de abogados y asistentes siguiéndole el ritmo frenético.
Quiero saber quiénes son —ladró León sin detenerse—. Phoenix Capital, u