León salió al porche con una taza de café en la mano y se frotó la cara, apenas había dormido un poco.
El jardín que solía ser un lugar tranquilo parecía un hormiguero, había gente moviendo sillas, desenrollando alfombras y montando una carpa blanca, lo absurdo era que, entre los floristas, había tipos con cara de pocos amigos y auriculares en la oreja revisando cada maceta.
Konstantin estaba en medio del césped, discutiendo con un pobre jardinero que sostenía unas tijeras de podar como si fuer