—Eres un desastre, Theo.
—Lo sé —respondió con una pequeña sonrisa triste.
Tomé mi copa de agua y bebí un poco.
—Pero si vuelvo a ver algo así… —dije lentamente— no habrá explicación que valga.
—No volverá a pasar.
—Más te vale.
Theo dejó escapar un suspiro de alivio.
—Gracias, Rossanne.
—No me agradezcas todavía.
Poco a poco comenzamos a comer. La tensión entre nosotros empezó a disminuir.
Después de unos minutos, Theo metió la mano en el bolsillo de su chaqueta.
—Quería darte algo.
Lo miré co