Cuando salí de la oficina, tomé asiento en mi escritorio y grité porque esta situación me estaba volviendo loca. Por una parte, quería entrar para pedirle explicaciones, pero mi parte coherente me gritaba que no lo hiciera, que debía mantener el control y agradecer lo que iba a suceder, porque quizás era la salida que necesitaba para quitarme a Damien de encima. Si él se enamoraba de esa mujer, podría dejarme en paz. Así que me aferré a eso y seguí trabajando, pero no lograba concentrarme.
Habí