Desde ese día todo cambió en la relación entre Damien y yo. Él no volvió a dirigirse a mí si no era para temas de trabajo. No hubo nada personal, ni una palabra fuera de lo necesario, pero la tensión seguía allí, latente. Y aunque me duele admitirlo, su indiferencia me hería… bueno, golpeaba mi orgullo.
Lo que sí aumentó fue la exigencia. Me hacía trabajar más, me presionaba constantemente, pero yo no me alteraba. Aunque por dentro quisiera matarlo, seguía al pie de la letra sus órdenes. Trabaj