La foto de la casa de Lucía seguía en la pantalla.
La entrada.
La reja blanca.
La maceta rota junto al escalón.
Tomada desde un coche.
Tomada de lejos.
Pero no tanto.
Lo suficiente para decir una sola cosa:
te veo.
El mensaje de Daniel debajo era peor.
Si juegas sucio con mis papeles, yo ya sé exactamente dónde duerme mi hija.
Elena se quedó inmóvil en el asiento del copiloto.
Rodrigo ya había apagado el motor dentro de la reja.
La calle estaba en silencio.
Pero ahora ese silencio parecía lleno