A las doce y doce, Paula ya estaba saliendo hacia el hotel Real Centro con una bolsa de lona gris, gafas oscuras y una gorra que Elena no le había visto nunca.
Lucía la miró de arriba abajo desde la puerta.
—Pareces una espía muy mal pagada.
Paula no sonrió.
—Con lo que me pagan aquí, sí.
Rodrigo le entregó un teléfono secundario y una hoja con instrucciones mínimas.
Nada de conversaciones largas.
Nada de quedarse.
Tomar el sobre.
Mandar foto.
Salir.
Elena se quedó en la cocina con el estómago