Los pasos se acercaban.
Lentos.
Directos.
Elena siguió agachada junto al aparador, con el sobre abierto en una mano y la primera fotografía en la otra.
Tenía segundos.
Tal vez menos.
Sacó otra foto.
Luego otra.
Y el aire se volvió un cuchillo.
En la segunda, Daniel estaba sentado en una terraza con Valentina a su lado.
No había distancia entre ellos.
Ninguna.
La mano de él descansaba sobre la cintura de ella con una familiaridad que no se improvisa.
Con una posesión tranquila.
Cómoda.
Antigua.