Daniel no escribió en todo el día.
Ni un mensaje.
Ni un audio.
Ni una amenaza bien redactada.
Y ese silencio, a esas alturas, ya no se parecía a la paz.
Se parecía a preparación.
Sofía y Mateo jugaron toda la mañana en el salón.
Construyeron una pista para el dinosaurio verde.
Luego una ciudad de cajas.
Luego una “escuela sin preguntas feas” con cuadernos viejos y crayones.
La caja morada de Sofía ya tenía un segundo compartimento improvisado con una liga azul “por si Mateo necesita guardar cos