Valentina seguía de pie en la entrada.
Con la maleta a sus pies.
Con Mateo pegado a su pierna.
Con la espalda recta solo por puro cansancio.
No por fuerza.
No ya.
Lucía tomó la maleta sin hacer preguntas innecesarias.
—Pásenle.
Valentina entró despacio.
Como quien sabe que no está cruzando solo una puerta.
Está cruzando una línea.
Mateo dio dos pasos cortos detrás de ella.
La mochila verde de dinosaurio le golpeaba una rodilla.
El niño miró la casa de Lucía con una seriedad extraña.
No miedo ab