La vibración que sintieron Aeric y Lysander los transportó en un instante del abrazo matutino a la penumbra del Bosque de las Lamentaciones. El cambio fue abrupto, desorientador. El aire, antes cargado de la promesa de un nuevo día, ahora era denso y húmedo, impregnado de un aroma a tierra mojada y hojas en descomposición.